Santander Rutas en Bici

Día 0: Nombré la bici y la saqué de hibernación 

A encontrar mi bici en el garaje de Lola-Mater cansado, desinflado, cubierto en barro..parecía un oso saliendo de una hibernación de demasiados años! Como soy muy Californiana y el oso tiene mucha importancia para nosotros y para Madrid, decidí prestar el apodo del Oso en nuestra bandera de California, Cuffy. Según algunos artículos, Cuffy fue el apodo original del oso en la bandera californiana que han izado en Sonoma, California en 1846. Así que os introduzco a mi bici: Cuffy – la bici original que plantó y cultivó una semilla de pasión por las bicis.

Encontré una forma de meterle a Cuffy en el coche de Lola. Gabi me llevó a la avenida de América para coger mi autobús. Con mucha antelación he comprado un billete con un suplemento de 10€ para Cuffy. Cuando llegaba me han dicho que la tenía que cubrir con cualquier cosa o podía comprar una embalsa. Decidí acercar a la cafetería para preguntar por una bolsa de basura con una sonrisa. (Aquí sonrisas, paciencia, y una buena actitud te llevan a Roma). Al final conseguí dos bolsas y un café con leche. Con mucha manipulación de las bolsas y miradas raras encontré una forma bástate curte de cubrir la bici. Lo he puesto abajo con algunos gruñidos de la gente pero sin problema.

Al entrar el autobús de Alsa que sorpresa ver plantallas en cada silla con películas, series, libros, y juegos. Además tenía wifi. Alsa ya ha superado al tren en este sentido.

Cuando llegué a Santander me encontré con Gabi y convencimos a una taxista para dejarnos la oportunidad de intentar meter el oso. Nos dejó con mucha especulación, pero cuando lo hemos conseguido íbamos los tres al palacio de Magdalena.

Día 1: Espíritu lleno, Llantas desinfladas 

Mi primer objetivo del día era llenar mis llantas con aire. El pobre Cuffy faltaba mucha atención después de estar abandonado no se cuantos años. Caminé hasta la seguridad de la puerta del palacio preguntando por una gasolinera y me aconsejó ir al oeste. Pero cuando llegaba a la gasolinerita no tenían aire. Me han informado que el mejor opción sería ir a la tienda de Bici al este. Así que caminaba otra vez por la colina hasta que llegaba a la tienda de Turybike pero estaba cerrado para la siesta. Así que aprovechaba el momento para tomar un tinto de verano (mi favorito). No llegaban a la hora fijado en la puerta pero vi un otro bicigrino esperando y le pregunté por algunos consejos de bici en la zona. Me explicó que podía ir al oeste por algunos caminos de bici montaña sin problema, pero evitar las carreteras nacionales. (Como verás mas adelante en mis bicidiarios le hice poco caso al final).

Después de inflar mis llantas seguía el carril dedico por el centro y pasé por los puertos de Santander, pero con el mar de gente por todos lados quedaba poca impresionada y volví al palacio. Decidí que mañana seria un día de un camino mas largo.

Day 2: Cuffy con ganas – Sarah no tanto

Con planes de salir a la hora de Gabi (es mucho más un madrugador que yo) me sorprendí cuando despertaba a las 10:30. Que lujo. Después de trabajar un rato y desayunar comencé con mi excursión por la costa. Para llegar al faro decidí irme por la ruta de la montaña. Con cada roca estaba nerviosa porque llevaba más de 4 años sin ir por un terreno tan natural. Poquito a poco (o roquita a roca) cogí confianza y llegaba hasta el faro.


Aquí encontré con otros bicigrinos y les pidé consejo para seguir. Me han indicado por la ruta de la costa pero primero pasando por un pequeño campo verde atrás de un bar. Aquí vi a dos chicas con sus caballos y cigarrillos que han venido (en sus caballos) a tomar algo en el bar! Como una película Western moderna.


Desde aquí llegaba al Panteón del Inglés. El panteón estaba construido en 1892 por una telegrafista en memoria de su amigo inglés, que murió mientras montaba a caballo.


Desde aquí seguía lentamente cuidándome por cada piedra hasta que vi a un camino seduciéndome a su asfalto tan liso y perdonador. Recordaba de una cita por mi compañera de mi trabajo “sometimes it is best to take the path of least resistance”.

Despidí a la costa y abracé a la infraestructura. Llegaba en pocos pasos en la playa de la virgen. Comía y tomaba un rico tinto de verano (surprise surprise) antes de volver al palacio (por todos caminos asfaltados por supuesto).


  

Día 3: Confesiones y Carriles de Bici

Hoy fue un día de mucho trabajo en lo que tenía qué confesar a mis compañeras que estaba en España al final de muchas días sin mencionar mi ubicación. Quería probar si la tecnología me permitía trabajar desde otro continente sin levantar cejas. Pero por el cambio de hora han descubierto el pastel.

Así que después de algunas reuniones por skype desde mi habitación y una comida buena, bonita, y barata; Cuffy y yo fuimos hacia la Universidad de Gabi para tomar un café. En camino me di cuenta que hay bastante más carriles rojos de bici que pensaba. Qué alegría no estar pegado con los coches.

Después del café seguía al oeste hasta el final del carril bici. Había poca belleza natural y bastante urbanismo industrial, pero con buena música (Stromae) todo tiene su encanto. Cuando terminé el “camino de ladrillos rojos” giraba a la derecha para acercarme a la costa. Casi llegaba al Virgen de Mar otra vez en mitad del tiempo. Ahora estaba convencida que tenía que seguir con asfalto y carriles rojos de bicicleta. Pero en ese momento tenía que volver para quedar con Gabi y sus colegas.

Día 4: Llegada a Liencres

Hoy levantaba con mis pillas bien cargadas y estaba determinada llegar al Parque Liencres. Planeaba mi ruta por las calles más pequeñas y cercas a la costa. Y gracias a los satélites siempre podía contar con el puntillo azul en Google maps para indicarme hasta donde me había perdido.

Al final llegaba al parque y a la playa de Canallave. Las vistas y el menú del restaurante era de 5 estrellas. ¡Me encantó! Después de varias horas disfrutando lo verde de esta zona de ‘Oz’ digamos, volvía a toda velocidad por CA-231, una carretera nacional. Tenía un medio carril de bici y tampoco había muchos coches así que llegaba en seguida. Qué día más completo.

  

  
 

 

Día 5: Vía Verde de Pas (y paz)

Para mi último día en bicicleta quería algo completamente distinto. Hay una emoción exploradora que solamente consigo si voy por una ruta completamente nueva. Después de investigar varias rutas decidí irme por el Vía Verde de Pas – un antiguo carril de tren convertido a un carril de bici (estos ideas urbanísticas y creativas me encantan). Pero para llegar allí tenía que pasar primero por muchos puertos y el aeropuerto. ¡Sabia que iba a ser una aventura mas!


Después de algunas mala giradas a puentes que no podía cruzar, empecé seguir dos bicigrinos que parecían ir con mucha confianza en lo que percibía la dirección correcta. Sin saber que me tenían como una cola atrás llegamos a un circuito deportivo que circula alrededor del aeropuerto. Me desvié de su dirección y de repente mucha gente con quien pasaba me estaba diciendo algo que no entendía. Después de tres comentarios averigüé que iba en la dirección contraria. ¡Qué ordenados son los Santanderes!

Escondí mi vergüenza atrás de mi movil mientras sacaba algunos fotos y cambié de dirección. Seguía un rato mas hasta que me di cuenta que me ha pasado mucho mas tiempo que planeaba. Paré en una cafetería para preguntar a otros deportivos si valía la pena de seguir hasta la Vía verde de Pas.


Me convencieron continuar y con todo razón llegaba a una vía espectacular. Me encantó y no resistía el impulso de parar cada dos por tres para sacar mas fotos.


  
  

 
Después de pasar casi una hora por la hora que tenía previsto en hacer la vuelta, volví con vacilación.

En fin: Me alegro mucho por mi decisión de llevar al pesado y lento Cuffy a pesar de algunas dificultades de transportación. Me quedo con muchas ganas de completar la Vía Verde de Pas y explorar mas del este de Santander. Espero tener la suerte de volver en el futuro.

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